Buscando alternativas

Propuestas y alternativas desde la socioecología

Por Manuel CALVO SALAZAR

Quizás la palabra “alternativas” sea una de las más utilizadas por el movimiento transformador desde los años que siguieron a los acontecimientos de mayo del 68 hasta la actualidad. Entonces ya se sabía que el modelo económico capitalista estaba en decadencia y que el sistema pretendidamente comunista de los países del bloque soviético ya no era un modelo válido a seguir.

Desde entonces, se han ido conformando una serie de teorías provenientes de ideas más o menos articuladas que han dejado entrever las posibilidades de caminos alternativos de organización política, social y económica. Pero estos desarrollos, por más que se ha perseguido, no han conseguido poner encima de la mesa un modelo claro que pudiera sintetizarse mediante ideas fuerza, algo intensamente deseable con vistas a su comunicación social.

Ahora, cuando se vislumbra claramente por un porcentaje nada desdeñable de la ciudadanía la insensatez de nuestro sistema económico capitalista, basado fuertemente en el capital financiero y especulativo, es un buen momento para trabajar en el desarrollo de líneas de pensamiento que diluciden estas alternativas, de manera que logren hacerse evidentes y deseables por el grueso de la sociedad.

Comparto diariamente las opiniones vertidas en numerosos blogs, noticias, tertulias, artículos de opinión, libros, sobre análisis, que, desde perspectivas provenientes de la izquierda política, analizan la situación actual, explican la historia reciente de los acontecimientos económicos y promueven una critica radical a las soluciones que se están acometiendo desde las mismas ideas neoliberales que provocaron la crisis.

Pero, hay que reconocer, que estas opiniones, y opinadores, patinan cuando se trata de proponer alternativas de organización que extirpen de raíz gran parte de los problemas que nos aquejan.

En los próximas entradas intentaré definir algunos de los pilares esenciales que, a mi humilde juicio, han de conformar las alternativas necesarias. Es más, intentaré hacerlo con un lenguaje positivo, incluso propositivo, y definir espacios y lineas de actuación concretas, de manera que podamos sintetizar ideas clave que puedan ser fácilmente comunicadas y, por qué no, también compartidas.

Valga, para comenzar, decir que estimo necesario explicar que el cambio que necesitamos ha de producirse en todos los ámbitos de nuestra vida. En mis ya algunos años de experiencia dando charlas y conferencias, observo con perplejidad los a veces absurdos debates que se sustentan en si lo importante es el cambio de nuestra vida interior antes que el cambio institucional o si es al contrario; o la idea, nada útil en el corto plazo, de que todo se solventaría con otro tipo de educación.

Pienso que, efectivamente, el cambio es necesario en TODOS los ámbitos de nuestra vida. Para comenzar porque e todos estos ámbitos vitales están plenamente conectados a modo de red. No sé si será por mi formación académica en ecología, pero veo meridianamente claro que lo individual está conectado con lo colectivo, lo institucional, lo educativo, y no se qué otros ámbitos más, de manera intrincada y a veces indescifrable, y que de cambios en algunos de esos ámbitos resultan cambios en otros muchos. El cambio institucional, desde luego, resulta en cambios en cómo educamos, pero también sucede al contrario. Cambios en cómo vemos o consideramos nuestra vida interior también provocan cambios institucionales.

Partamos pues de la base que todo está conectado con todo en forma de red y que las relaciones entre los elementos de esa red modifican su intensidad de manera que logre mantenerse una suerte de equilibrio dinámico que evoluciona con el paso del tiempo. Esto es lo que los ecólogos llamamos un sistema. Para fabricar, articular y explicar la alternativa debemos pues partir de utilizar pensamiento sistémico.

Este pensamiento sistémico, ha sido magistralmente explicado por la ya fallecida Donella Meadows, una de las autoras, por cierto, del informe al Club de Roma “los limites del crecimiento”, publicado allá por 1972, y que fue iniciador del movimiento ecologista tal y como hoy lo conocemos, y de toda la pretendida preocupación institucional por la conservación del medio ambiente.

Utilizaré, pues, este método de análisis, el pensamiento sistémico, para sustentar las ideas de organización político social que expondré en las siguientes entradas que escribiré en el blog. Mis propuestas estarán fundamentadas desde lo que se denomina la socioecología, cuya aportación más importante al debate lo constituye, precisamente, la utilización del pensamiento sistémico para criticar y analizar la realidad y proponer maneras alternativas de vida individual y colectiva.

Permanezcan a la escucha y a la lectura porque creo que podremos ser, en los próximos años, protagonistas, bien de una pesadilla o bien de un viaje alucinante. Todo depende de cómo completemos nuestro equipaje; de si está lleno de resentimiento o, por el contrario, se encuentra repleto de ilusiones y de esperanza en un mundo nuevo.

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