La necesidad de los sindicatos y sus problemas

Por Javier VELASCO

En los próximos días CCOO ha convocado una conferencia para discutir la naturaleza de la crisis, donde intervendrán académicos, expertos y sindicalistas. En principio, un primer producto ha sido un comunicado pidiendo adhesión para apoyar una salida de la crisis que tenga en consideración los intereses y necesidades de los trabajadores y de los ciudadanos. Es una buena idea, aunque, leyendo el marco teórico de la conferencia, no participo del fondo del análisis que se presenta como base de discusión, pero de ello hablaré al final. Desgraciadamente no puedo asistir, porque es una ocasión de aprender y contrastar.
En la web de la Fundación 1º de Mayo se presenta, también, un manifiesto en defensa del sindicalismo por parte de profesores norteamericanos que parece muy pertinente, pero, como cualquier sindicalista sabe, la afiliación no se consigue por decreto, sino por convicción, por lo menos en la mayoría de los países desarrollados. Y esto viene a cuento del gráfico que hoy os traigo a este blog y que se situa en la línea de mis anteriores comentarios.
El gráfico refleja la curva del crecimiento de la participación en la distribución de la renta del 10% de personas más ricas a lo largo del tiempo, representada en rojo, y la curva del porcentaje de afiliación sindical, representada en azul. Todo ello en EEUU, país al que pertenecen los profesores firmantes del manifiesto a favor de la existencia de los sindicatos.
Se puede observar que los años anteriores a la crisis de 1929 se caracterizaron por una baja sindicación y una alta proporción de riqueza en manos del 10% de las rentas altas. Casi un 50% de la renta fue a parar a los que eran más ricos y en plena crisis la tasa de sindicación sólo alcanzaba el 10%. Es decir, aumentó la desigualdad y eso supuso un debilitamiento sindical.
La Segunda Guerra Mundial trajo consigo un descenso de la participación de la renta de los ricos y un aumento paulatino de la afiliación, que culminó en 1945 con un máximo de sindicación del 35% y un descenso en la partcipación de la renta del 10% de las rentas altas de “solo” el 35%. A partir de ahí, con la época maravillosa del New Deal, de la sociedad de consumo de masas y la prosperidad generalizada, se estabilizó el peso de los sindicatos y la participación de la renta de los ricos.
Pero la dicha duró poco y, a medida que se iban saturando los mercados de bienes y servicios, el crecimiento empezó a debilitarse para, a partir de 1970, reproducir el fenómeno ya vivido a principios de siglo del incremento de la participación de la franja más rica en la renta nacional, que ha alcanzado en el 2008 otra vez el 50%, mientras los sindicatos han descendido al 15%.
¿Qué significa esto? Que la desigualdad, paradójicamente, fragiliza a los sindicatos, y que la prosperidad los fortalece. Es decir, cuando más falta hacen, menos fuertes son. Muchas son las causas de este fenómeno, uno más en el relato de la crisis, que obliga a pensar sobre el papel de los sindicatos en este cambio de época.

Los sindicatos y la prosperidad compartida

Con respecto al documento marco que sirve de base para las jornadas que sobre la crisis se desarrollará a finales de junio, me parece que tiene un diagnóstico de partida que no comparto y que, quizás, impida una conclusión fructífera de las jornadas. En el inicio dice que nos enfrentamos a una crisis sistémica y la explica centrando las causas en la desregulación financiera y en la globalización, con lo que sitúa el comienzo de la crisis en el 2007. Y, si se define apoyándose en esos dos elementos, deja fuera factores mucho más importantes y, sobre todo, no identifica temporalmente la crisis con el enfriamiento de la sociedad de consumo a partir de 1970, que es el momento en que las empresas y las capas dirigentes de los países desarrollados emprenden estrategias de crecimiento de la productividad, entre las que se encuentran, entre otras, la desregulación financiera y la globalización.
En los análisis sobre la crisis, si quiere ser un análisis sistémico, tiene que introducirse de manera preferente la componente principal que es el consumo. La crisis actual es una crisis del modelo de consumo de masas que supuso la base del Estado del Bienestar. La saturación rompió con el acuerdo tácito del reparto de la ganancia entre trabajadores, empresarios y Estado. Como vimos en otro comentario y en el gráfico de hoy, se fracturó la distribución de los logros por el incremento de la productividad y eso trajo la crisis. Por tanto, en unas jornadas sindicales es imprescindible insertar el debate sobre la sociedad de consumo y sobre la naturaleza y uso de la tecnología que está provocando la sustitución de trabajadores por procesos y llevando a la sociedad a un callejón sin salida. Por eso, por la falta de una buena interpretación de lo que sucede, la izquierda y los sindicatos viven una época difícil.

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