La desigualdad en el reparto de rentas

Por Javier VELASCO

En un  artículo anterior dije que el origen de la crisis no es la maldad de los financieros, yo diría que la maldad congénita de los financieros se acrecienta con la crisis, pero no es el origen. También dije que los trabajadores, entre los que nos encontramos, hemos vivido una época espléndida, en la que los electrodomésticos, las vacaciones, el coche y el consumo en general han jugado el papel motor de la economía. Pues bien, la maldad de los finacieros, y de los ricos, se va a disparar a partir de 1973 y, por el contrario, la felicidad de los trabajadores se va a truncar. Y ambas cosas se relacionan.

Sé, también, que mis compañeros de blog (Javier, ¿no podríamos utilizar una palabra en castellano para esto de blog?) son,  sobre todo, literatos e historiadores. Por eso voy a explicar el origen de la crisis de forma muy facilita, sin echar mano al manual económico académico ni al marxista. Ambos, difícilmente inteligibles. Y lo voy a hacer con dos gráficos muy claros.

Primer gráfico: La productividad y los salarios

Primer gráfico: La productividad y los salarios

Esta figura procede de un blog norteamericano fantástico: el del Economic Policy Institute (EPI) y está construido en base a los datos de la Oficina Estadística de Trabajo de EEUU. Nos puede servir para explicar el origen de la crisis en cualquier país desarrollado, pero usamos EEUU porque es el único país con estadísticas de calidad. Algunos países europeos difieren un poco pero la tendencia es la misma.

¿Qué nos dice el gráfico? Que la productividad (Productivity) y el ingreso por hora de los trabajadores (Hourly compensation) iban unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que los trabajadores percibían incrementos salariales a medida que la productividad aumentaba.

Pero, ¿qué es la productividad? : es el valor añadido dividido por el número de horas trabajadas. Pero, ¿qué es el valor añadido? : es, simplificando, la suma de los beneficios empresariales y de los salarios. Y es aquí donde se empiezan a ver algo las cosas. Esto quiere decir que durante treinta años los empresarios se llevaron sus beneficios crecientes y los trabajadores vieron aumentados sus ingresos, lo que les permitió comprar más objetos y alentar la producción, que permitía crear puestos de trabajo e incrementar las expectativas económicas. Un círculo virtuoso sublime.

Sin embargo, fijaos bien,  a partir del año 1973 la linea de productividad aumenta de forma permanente e, incluso, aumenta vertiginosamente, a partir del año 1993, mientras que el ingreso horario del trabajador se estanca. ¿Qué quiere decir esto? Como vimos antes,  que el valor añadido por hora trabajada ha seguido aumentando. O, lo que es lo mismo, que los beneficios más los salarios han aumentado, pero, por pura lógica, al no aumentar los salarios lo que claramente ha subido es el montante de beneficios. Esto va a ser el detonante de la crisis.

Pero hay más, y para eso necesitamos otro gráfico, que volvemos a pedir prestado al EPI. Veamos:

Segundo gráfico: Productividad y crecimiento de salarios

Segundo gráfico: Productividad y crecimiento de salarios

Este gráfico nos dice que la productividad ha crecido un 80,4% desde el año 1973, mientras que los salarios solo lo han hecho un 39,2% (Average hourly compensation). Pero nos dice otra cosa: que el salario medio (el que reciben los trabajadores de la denominada clase media representativa (Median hourly compensation)) solo ha subido un 10,7%, y las mujeres de este estrato no han visto crecer su ingreso prácticamente nada, un 0,1%.

Todo esto tiene mucha “chicha”, que iremos sacando en próximos artículos. Hoy, un aperitivo. En primer lugar, podemos concluir que a partir del año 1973, y esto ocurre más o menos también en Europa, la distribución de las ganancias de la actividad económica sufren una ruptura bestial, en la que los beneficios empresariales se llevan la parte más importante. Es lo que se llama una desigualdad en el reparto de las rentas, que rompe el pacto político implícito que servía como base al Estado del Bienestar.  Refleja una ruptura de gran envergadura.

Pero hay más, el hecho de que las medias salariales totales observen un crecimiento más alto que el crecimiento de los salarios medios significa que los salarios altos han crecido mucho más que el resto de los salarios, que es un hecho constatable en la realidad. Es decir, hay una ruptura, también, en el seno de las empresas que, necesariamente va a tener consecuencias en las relaciones internas y en la vida de los trabajadores.

Las consecuencias de este distanciamento entre salarios y productividad ha tenido tres primeras consecuencias: una creciente desigualdad de los ingresos laborales (salarios e indemnizaciones); una desigualdad en el reparto de las rentas de capital; y, tercero, un incremento desproporcionado de los beneficios empresariales.

Y, ¿adonde han ido esos beneficios? Eso es para otro artículo, pero podemos ir diciendo que no han sido reconvertidos en inversiones dentro de la empresa, entre otras cosas porque el descenso de salarios había deprimido la demanda. Y ese es el siguiente paso hacia el abismo. Hablaremos también por qué se separan las curvas, y se alejan.