Llaman a la participación activa de los ciudadanos

Por Lorenzo CABRERA

Ahora que ya está formado el nuevo gobierno en Andalucía y consumado, por tanto, el acuerdo PSOE e IU, de nada vale volver a la interpretación sobre los resultados de las elecciones autonómicas y al supuesto mandato que el electorado andaluz dictó en las urnas. Quienes nos han repetido hasta el hartazgo que el PP ha sido la fuerza política más votada en estas elecciones decían una verdad incontestable, pero era también de numérica claridad que ni tenían la mayoría absoluta para gobernar ni han conseguido apoyo parlamentario alguno para conseguirla. Por contra, a quienes afirmaban contar con mayoría de izquierda necesaria para formar gobierno, podrá objetárseles que hacían una interpretación sesgada del voto y, por tanto, un análisis forzado de los resultados electorales, pero es evidente que, sin entrar ahora en la valoración siempre compleja de qué entendemos por izquierda en nuestro país y si lo son todos los que así se proclaman, una cosa es indudable: la mayor parte de los que ejercieron su derecho al voto prefirieron que el PP no se constituyera en el partido gobernante. Y lo que es más importante aún, las dos fuerzas políticas que recogieron esa mayoría han optado por establecer un pacto  y gobernar conjuntamente. Se trata, pues, de un pacto legalmente válido. Y lícito, si como ambas aseguran,  los puntos recogidos por escrito en un llamado Acuerdo para Andalucía no invalidan ni incumplen los respectivos programas con los que concurrieron por separado a las elecciones. No piensan así, claro está, aquellos de entre la minoría de IU que ha perdido el referéndum y denuncian lo acordado como una dejación programática.

En la introducción del acuerdo citado que, como ya prometiera el presidente Griñán, se ha hecho público, se dice que “las elecciones del 25 han señalado con claridad un amplio y mayoritario apoyo al PSOE de Andalucía y a IU Los Verdes Convocatoria por Andalucía, expresando el deseo de que nuestra tierra tenga un gobierno de progreso”. Para añadir más abajo que “ese gobierno ha de ser un gobierno comprometido con la austeridad y la ética en el ejercicio de lo público y con la participación activa de la ciudadanía en el desarrollo y ampliación de la democracia(lo hemos subrayado nosotros).

¿Cómo es posible –me pregunto–  hacer hoy partícipe activa a la ciudadanía en el desarrollo y ampliación de la democracia? ¿De qué mecanismos, de qué formas organizativas, de qué canales se van a valer para hacer efectiva esa participación? Porque lo que ambas formaciones políticas han hecho hasta ahora es acordar un programa de mínimos y formar un gobierno, que no es poco, pero la viabilidad de ese pacto es, en principio, sólo para cuatro años y el desarrollo y la ampliación de la democracia no tienen, por el contrario, fecha de caducidad. Es más, si se quiere asegurar una política de gobierno con perspectivas de futuro, más allá de estos primeros y trascendentales cuatro años, es necesario contar efectivamente con una amplia representación de la sociedad civil que participe “en el desarrollo y ampliación de la democracia”. Y aquí sí que convendría ser honestos y reconocer que habrá que ayudar a tejer como una Penélope laboriosa lo que a veces se ha ido destejiendo durante tantos años. La izquierda –y más la que ha gobernado en distintas instancias- tendrá que preguntarse qué ha ocurrido para que carezcamos hoy de esa sociedad civil fuerte, estructurada, independiente que la introducción del Acuerdo para Andalucía en cierto modo está demandando.

La apatía, la crítica estéril de mostrador, la falta de iniciativas de una parte importante de la sociedad civil obedece, claro está, a muchas razones, pero el uso partidista que se ha hecho de esas iniciativas, cuando las ha habido, constituye sin duda una de las más determinantes. Se paga ahora el empleo reiterado de un asociacionismo al que no se le ha dejado crecer independiente, usado como base de apoyo cuando se ha sido gobierno o como ariete cuando se ha estado en la oposición. Y así no hay “desarrollo y ampliación de la democracia”. No es preciso inventar gran cosa, buscar nuevos mecanismos, formas organizativas o canales de participación singulares; ya están ahí, la sociedad está minada de pequeños, y no tan pequeños, grupos de personas que intentan defender los intereses más variados y que sólo necesitan un interlocutor en el poder que los escuche, los atienda y no intente utilizarlos. Conviene tejer de nuevo y acercarse a las múltiples organizaciones sociales de todo tipo (territoriales, culturales y recreativas, sindicales y profesionales, etc.) pero no para hacer clientelismo con dichas asociaciones. A lo mejor se requieren menos subvenciones interesadas o apoyos que buscan la sumisión y se trata más bien de escucharlas tan solo, canalizar sus propuestas, dejarlas crecer, libres y discordantes, para ampliar un tejido social que efectivamente desarrolle y amplíe la democracia.

Actuando así, con honradez y deseo sincero de colaboración, las instituciones gubernamentales encontrarán un impulso vigoroso en las ideas y acciones de muchos colectivos que desde las movilizaciones del 15 de Mayo de 2011 se han venido sucediendo, y puede que estos colectivos vayan, en la medida en que sean escuchados y, sobre todo, atendidos abandonando sus iniciales y justificadas reticencias a los partidos de la izquierda parlamentaria.