La revolución barata

Por Carlos ARENAS POSADAS

D. Diego Valderas ha sido nombrado vicepresidente del gobierno autonómico andaluz y consejero de Administración Local y Relaciones Institucionales. Sus competencias se extenderán además, copio textualmente las informaciones de prensa, a las del voluntariado y participación, consumo, cooperación al desarrollo y memoria histórica.

Me imagino que la elección de esa consejería habrá salido de su propio copete; en cualquier caso le felicito y me felicito; sin estar muy atento a los avatares de la política menuda, tengo un buen concepto suyo; la persona que contribuyó a cambiar como alcalde la fisonomía de Bollullos del Condado, el pueblo siempre a la sombra de los señoritos de La Palma, merece todos mis respetos. También me imagino que sabrá en qué berenjenal se ha metido y lo que esperamos de él: nada más y nada menos que en el berenjenal de empoderar al pueblo andaluz; bueno, quizás sea mejor decir a lo más sano y aprovechable del pueblo andaluz, incluido en él, a los que, por miedo y por desesperación, que hoy son productos que se reparten  gratis, acuden a los cantos de sirena de la derecha andaluza de siempre.

No son cosas baladíes las instituciones, ni las formales ni las informales o culturales y, si me apuran, éstas más importantes que aquellas, aunque sean el palo y la zanahoria sabiamente administradas por las autoridades democráticamente elegidas, el método más expedito para que el personal modifique sus actitudes, abandonen el oportunismo clientelista y la búsqueda de rentas, por ejemplo, y se apunten a la cooperación y a la responsabilidad.

Concreto. La historia de Andalucía, del subdesarrollo andaluz de antes, del atraso relativo de ahora, de los niveles intolerables de desempleo y precariedad laboral, no son ni han sido nunca el resultado de ningún estigma, como tampoco de la concatenación de anónimas reglas de mercados ni de asépticas tasas de inversión, aportaciones en recursos de i más de más i, flujos de capital o acumulaciones de capital humano, etc., como no serán sólo con ajustes meramente presupuestarios como saldremos de estas.

El atraso andaluz durante siglos se ha debido a la mala calidad de las instituciones que han gobernado nuestras conductas, y que han sido creadas por quienes, por los siglos de los siglos, incluidos los últimos treinta años, han tenido el poder de decisión en sus manos o han sido elegidos como interlocutores preferentes por parte de la administración.  Han sido pues los intereses concretos de los que tenían la capacidad de decidir sin rendir cuentas a nadie y de los que son hoy interlocutores privilegiados del poder, los aludidos señoritos, los grandes constructores, las multinacionales, los amigos políticos, las organizaciones que los representan, los que han determinado la trayectoria perdedora de nuestra economía, la escasez de inversiones productivas y de capital humano o social, y han construido barreras de entrada a las iniciativas económicas, políticas, culturales de la inmensa mayor parte de la población andaluza.

Para salir de la crisis, elevar los niveles de bienestar y felicidad colectiva se necesita cambiar  a los interlocutores de la Junta de Andalucía o al menos de abrir las puertas a otros nuevos. No lo va a tener fácil el señor Valderas. Me malicio que el partido en el poder en Andalucía no entiende ni comparte este lenguaje. Me malicio que esperen que su Consejería se dedique a recibir alcaldes, entrar en el juego clientelar de repartir migajas de una tarta menguante y acudir a actos protocolarios donde se exhiban los importantes de cada congregación. Desearía equivocarme pero la inercia seguida hasta aquí en los últimos años argumenta el escepticismo. Tampoco lo tiene fácil, porque la derecha en el poder ha lanzado una ofensiva institucional tendente a cambiar las reglas del juego en detrimento de los valores de libertad e igualdad y en aras de allanar las resistencias que obstaculizan la acumulación de beneficios privados.

Se suele decir, lo acaba decir Rajoy, que las épocas de crisis son también épocas de grandes oportunidades. Y tiene razón, pero no deje el señor Valderas que las oportunidades viejas o nuevas queden como pretende Rajoy en mano de los de siempre: oligarcas financieros,  familias con apellidos de toda la vida, institutos religiosos, quienes gozan de contactos privilegiados en los aparatos del Estado, los que chantajean, engañan o sobornan porque dicen que van a crear o dejar de crear empleo, los que quieren hacerse pagar el apoyo político.  En definitiva, de le los que de una forma u otra forma han vivido de la renta en Andalucía. La búsqueda de rentas por parte de los mandan o que están cerca del poder, las relaciones clientelares tan arraigadas en la sociedad andaluza han tenido y tienen un elevado coste económico.

Aprovechemos las oportunidades que ofrecen las épocas de cambio. Cambiemos de interlocutores, confiemos y premiemos a los que se esfuerzan sin necesidad de subvenciones,  en las escuelas y universidades, en la calle, organizando y haciendo participar a la gente en los asuntos que le conciernen, a los consumidores, a los vecinos. Levantemos las barreras que han impedido desarrollar las potencialidades del pueblo. Para hacer esta revolución no se necesita más dinero, ni se va a acrecentar con ello el déficit público.

Bien entendida, la consejería del Sr. Valderas de relaciones institucionales debería estar para bastante más que para mostrar la cara amable del nuevo gobierno de la Junta; encierra en ella la clave, la palanca no sólo para salir de la crisis, sino, sobre todo, para cambiar la mediocre, por usurpada,  trayectoria histórica de la sociedad andaluza. Basta que consiga que el consejo de gobierno de la Junta de Andalucía asuma como estrategia común algo tan elemental como la igualdad de oportunidades.


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